Por Miprv.com
El Programa del Estuario de la Bahía de San Juan (PEBSJ) se lanza mañana sábado, 27 de octubre, a conservar el islote la Esperanza de Cataño.
Decenas de voluntarios se reunirán desde las 9 a.m. en el Parque La Esperanza, para sembrar árboles, limpiar el área y muestrear la calidad de agua, con el fin de frenar la creciente erosión y la degradación de este importante espacio ambiental de la ciudad.
El Islote La Esperanza se está fragmentando por la erosión costera, y los voluntarios amigos del PEBSJ sembrarán cientos de icacos y de uvas playeras, que evitan la pérdida de corteza terrestre y previenen las inundaciones. Estos sirven de hábitat para aves migratorias, entre otras especies. También mantienen el agua clara, ayudando a la reproducción de colonias de coral.
“El Islote es un síntoma de la erosión y la pérdida de hábitat en todo Puerto Rico por causa de las modificaciones que hemos hecho de los ríos y las quebradas, por el mal desarrollo de la ciudad”, explica el Dr. Javier Laureano, director del PEBSJ. “Con nuestros voluntarios, estamos trabajando para educar a la población y lograr cambios”.
La actividad está auspiciada por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA, por sus siglas en inglés), el Banco Popular de Puerto Rico y Crowley.
El Estuario, zona de encuentro entre el mar, los ríos y las quebradas, se extiende desde Loíza hasta Toa Baja, convirtiendo al área metropolitana en una “ciudad de las aguas”. El ecosistema más importante de la zona ayuda a la seguridad costera, el abasto de alimentos y el desarrollo económico del país.
Por eso el esfuerzo de conservación incluye el recogido de basura. Se trata de una situación adversa a las aves migratorias, por ejemplo, que mueren cada vez que comen pedazos de plástico creyendo que son pececitos.
“Esto muestra cómo el arrojo de basura desde los cruceros y en las carreteras, donde los desperdicios corren por los cuerpos de agua, terminan en la costa y afectan el hábitat”, añade Laureano. “Pocos son conscientes del impacto que tiene en la vida marina la basura. Por ejemplo, los tinglares, que consumen principalmente aguavivas, pueden morir al ingerir una bolsa plástica arrojada en algún centro comercial lejos de la costa, material que llega al océano y a los estuarios por medio de las alcantarillas pluviales y el viento”.
Los voluntarios, también, harán muestras de calidad de agua como parte de un proceso educativo en el que se enseña a los ciudadanos a usar el método científico. “Las ciencias no son exclusivas de las universidades, sino también del ciudadano, para que pueda generar datos, entender el problema y levantar bandera en caso de emergencia que necesiten acción”, concluyó Laureano.



















