Los pericos aliamarillos visitan el área de la Avenida San Patricio cada mañana y tarde. Foto José E. Maldonado/Miprv.com

Por José E. Maldonado
Miprv.com

Hace ya más de un año que resido en San Patricio en Guaynabo, y una de las cosas que más me gusta de esta área es la visita diaria de cientos de periquitos que cada mañana, como a eso de las 6 a.m., y tarde, a partir de las 5 p.m., anuncian su llegada con un parloteo muy singular.

Aunque me tomó un tiempo acostumbrarme a este sonido, la imagen diaria de estos pájaros sobrevolando mi hogar y mis alrededores compensa cualquier molestia que el ruido que emiten pueda causar. Incluso, fotografiar de cerca a una de estos Periquitos aliamarillos (Brotogeris versicolurus) ha sido uno de los retos que ha convertido la fotografía en mi nuevo pasatiempo favorito.

Esta tarde, de camino a casa, noté que el parloteo de los periquitos era más fuerte y que además volaban más bajo de lo usual. Entonces dirigí la mirada hacia el área de los árboles donde cada tarde estos pájaros se juntan para volar de un lado a otro de la Avenida San Patricio, y vi que durante el día alguien había podado completamente un húcar donde las aves solían posarse, y que justo al lado sólo quedó un pedacito de tronco como evidencia de que allí alguna vez hubo un árbol.

Uno de los árboles fue cortado desde el tronco y al otro le cortaron todas las ramas. Foto José E. Maldonado/Miprv.com

“¿Estarían enfermos esos árboles que los cortaron?”, fue lo primero que pensé, pero de inmediato descarté la idea porque muchas veces me había parado debajo de ellos para observar y escuchar a los periquitos y fotografiarlos.

Entonces me acordé que conozco a una ex compañera de trabajo que vive en el edificio donde ubican los árboles, que irónicamente, se llama El Jardín. Llamé a la persona, pensando que se indignaría al igual que yo al escuchar del corte de los árboles y que quizás podría ayudarme a identificar la causa de esta afrenta contra la naturaleza.

“Fui yo que los mandé a cortar”, me dijo tranquilamente, “es que me tenían loca ensuciándome el carro”.

Tras explicarle sobre los periquitos y que quizás podrían afectarse por la tala de los árboles, me preguntó “¿y que quieres que haga, que me estacione en la avenida?”

Luego de sugerirle que podía haberse comprado una cubierta para el auto, me preguntó si los pajaritos que tanto me gustan defecan sobre mi carro. “No, pero si lo hicieran tampoco me molestaría al punto de cortarles su árbol,” le expliqué.

Los árboles cortados en la Avenida San Patricio ubicaban frente al edificio El Jardín.

Decidí que no había más que hablar, ya que para ella definitivamente la opción más sencilla había sido mandar a tumbar los árboles, y ahora su vida será mejor con su carrito limpio y los pericos, pues ya ellos encontrarán otro árbol para “invadir” y otro auto que ensuciar.

Pienso que es otro ejemplo triste de cómo la desconexión con la naturaleza se ha convertido en algo común, y cómo como sociedad nos importa poco el impacto que pueda tener sobre otras especies las acciones que tomamos a diario, siempre y cuando cada individuo se sienta a gusto.

Tuve una visión de que ahora cada vecino de la avenida al que los pericos le defequen el carro mandará a tumbar un árbol, y pronto mi entorno será puro cemento y el único sonido que escucharé en las mañanas y tardes no será el de los periquitos aliamarillos, sino el de las bocinas de los miles autos – resplandecientes, y libres de caca – que transitan por las calles de San Patricio.

Lamentablemente, tres semanas más tarde esa visión pareció convertirse en realidad. Haz click aquí para continuar esta triste historia.

Reaccionan los vecinos al corte de árboles en la Avenida San Patricio:

Así se escuchan los pericos aliamarillos de San Patricio cada mañana y tarde:

Pericos de San Patricio (mp3)

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