Parus major / Foto por gynti_46 via Flickr

Al parecer la necesidad es hermana de la adaptación. Resulta que la amenaza de depredación tiene mayores consecuencias en los animales de lo que se pensaba hasta el momento.

Investigadores han revelado en el pasado que las aves hembras que están expuestas a depredadores mientras se encuentran en periodos de ovulación producen crías más pequeñas que las que no están expuestas, o que están en menor riesgo.

Podría ser lógico que la mera presencia de un depredador pueda cambiar el comportamiento de sus presas. Numerosos estudios hasta ahora han demostrado que las aves que frecuentemente se enfrentan a depredadores, aumentan su comportamiento y actitudes de defensa en sus nidos y motivan a sus crías a salir del nido mucho más rápido de lo normal.

Ahora bien, un estudio realizado por un ecólogo suizo sugiere que los efectos de depredación no sólo reflejan cambios de comportamiento, sino que también fisiológicos.

En el 2005, un estudio demostró que las aves que eran expuestas a depredación producían huevos con alto contenido de corticosterona, una hormona de estrés (tensión). Estudios de seguimiento demostraron que el aumento en corticosterona, era la causa de la reducción en la cantidad de salidas exitosas de los huevos, o nacimientos, y como resultado se traducía a crías más pequeñas. Sin embargo nadie estaba seguro de que estos hechos eran simplemente efectos negativos del mismo estrés o una respuesta de adaptación para ayudar a las crías a lidiar con la presencia intensa de depredadores.

Nuevos estudios realizados por los ecólogos de la Universidad de Bern en Suiza, Michael Coslovsky y Heinz Richner, con una población natural de la especie Parus major en un bosque cerca de Bern, revelaron que el ritmo de crecimiento de las alas en crías expuestas a estrés por depredación era significativamente más rápido. Los científicos trataban de estudiar más en detalle los efectos negativos del estrés en las crías pero se toparon con este descubrimiento. Primero, las aves madres fueron expuestas a audios de depredadores naturales, en específico a la especie de águila Accipiter nisus. Dos días después de que las hembras pusieran los huevos, las crías fueron relocalizadas en nidos específicos para estudiar cuando abandonarían los nidos. Todas las crías fueron identificadas y medidas.

Depredador. Accipiter nisus by Maria Haanpää alias tietoukka via Flickr

Aunque todas las crías expuestas eran de menor tamaño que las crías que no fueron expuestas a depredación -sugiriendo que las hormonas de estrés afectaban su desarrollo o que el comportamiento ante el estrés interrumpía la incubación- “cuando combinas un cuerpo más pequeño con alas más largas, definitivamente aumenta la efectividad de vuelo, disminuye el peso de vuelo y aumentan las posibilidades de supervivencia.”

Coslovsky y Richner especulan que la presencia de hormonas de estrés en los huevos no necesariamente se traduce a un efecto negativo, sino más bien podría ser una señal para que las crías desarrollen cuerpos pequeños con alas largas, ajustando su crecimiento y desarrollo para que los ayude a evitar la depredación.

El próximo paso sería repetir el experimento en diferentes generaciones para documentar la aptitud física de las crías durante el transcurso de su vida para así demostrar con certeza que este hecho es efectivamente un rasgo de adaptación.

Fuentes:
Frightened birds grow longer wings. Matt Kaplan via nature.com
Coslovsky, M. & Richner, H. Funct. Ecol. advance online publication doi:10.1111/j.1365-2435.2011.01834.x (2011).
Imagen: http://www.flickr.com/photos/7891209@N04/