El área de Marcellus Post en Pennsylvania tiene grandes reservas de gas natural. Foto Marcellus Protest vía Flickr.

Una filtración de químicos tóxicos en un pozo de gas natural en Pennsylvania ha aumentado las preocupaciones sobre la ya controvertible práctica de fracturamiento hidráulico (“fracking”, en inglés).

El pozo, propiedad de la empresa Chesapeake Energy Corp., experimentó un fallo de equipo el martes, enviando agua repleta de químicos sobre el área de los trabajos de perforación y directo a los cuerpos de agua cercanos, incluyendo el riachuelo Towanda Creek, que tributa directamente al río Susquehanna.

La empresa Chesapeake paralizó todas sus operaciones en el estado de Pennsylvania, aunque aseguró que ha sellado la filtración en el pozo.

“No ha habido heridos y el público no está en peligro”, dijo Brian Grove, director senior de desarrollo corporativo de Chesapeake, en un comunicado.

Este accidente ocurrió casi un año después de la explosión de la plataforma de perforación petrolera Deepwater Horizon en el Golfo de México, que causó 11 muertes y el peor derrame petrolero en la historia de los Estados Unidos. Ocurre además en momentos en que el “fracking” está bajo fuego por parte de las autoridades locales y federales.

La técnica, utilizada para liberar las vastas reservas de gas natural enterradas bajo tierra, conlleva cantidades masivas de agua, arena y químicos que son inyectados a la tierra con alta presión para fracturar las piedras y liberar el gas almacenado.

Un informe presentado hace unos días por varios congresistas demócratas indica que más de 650 de los químicos usados en el “fracking” son carcinógenos.

En el proceso de fracturamiento hidráulico, del 10 al 40% del agua inyectada al pozo regresa a la superficie cargada de los químicos utilizados para perforar y de altos niveles de sal. De acuerdo a reportajes del diario The New York Times, el estado de Pennsylvania ha permitido a los perforadores que descarguen gran parte del agua usada a través de plantas de tratamiento directamente a los ríos.

La investigación del New York Times encontró que los pozos en Pennsylvania produjeron más de 1,300 millones de galones de aguas usadas durante los pasados tres años. Pero las plantas de tratamiento a las que se envío el agua usada no estaban equipadas para remover gran parte del material tóxico del desecho del “fracking”.

El grupo ambientalista Ríos Americanos le está solicitando al Congreso que impulse la restauración de los poderes de la Agencia federal de Protección Ambiental para regular el fracturamiento hidráulico bajo la Ley de Agua Limpia, los cuales se le removieron en el 2005 a la agencia.

“Como si el derrame de British Petroleum no fuese un llamado de alerta lo suficientemente grande, ahora tenemos este otro desastre en Pennsylvania. El pueblo estadounidense está hastiado de las falsas promesas de seguridad de la industria”, dijo Andrew Fahlund, vicepresidente de Ríos Americanos.

La reserva de Marcellus Shale en Pennsylvania, donde ocurrió el derrame, tiene suficiente gas natural como para suplir todas las necesidades de calor y electricidad de la nación – al ritmo actual – por los próximos 15 años y más. El año pasado las autoridades otorgaron más de 3,300 permisos para realizar “fracking” en esa región.