Foto por Jesús Gómez / © derechos reservados 2009

La enajenación y sobre nuestra dependencia al petróleo

En Puerto Rico se consumen, descartan y disponen objetos en grandes proporciones indiscriminadamente. Esto ya es parte de nuestro diario vivir y tiene su raíz en el ámbito social y cultural. Y el problema no se trata de comenzar a buscar razones o culpables, sino de describir una evidente realidad de forma objetiva. Ante este marco y dentro de todas las estratas sociales, a cualquier escala, nuestro comportamiento, como individuos, como familia, como grupos, como agencias, como compañias, etc., está caracterizado por una enajenación de las repercusiones que nuestros estilos de vida y desiciones generan en nuestro entorno inmediato.

Tomemos como primer ejemplo las desiciones que tomamos para desarrollar vivienda de manera desparramada sin tomar en cuenta la realidad geográfica y la extensión de territorio que ocupamos. Aunque los desarrolladores, las agencias de permisos y los consumidores conocen esta realidad, se continúa desarrollando de manera desparramada. Y es que estamos alejados de los procesos por los cuales impactamos nuestro entorno físico construído y natural, incluyendo todos los ecosistemas que forman parte del archipiélago. Es esta misma razón la que nos lleva a observar bolsas plásticas en nuestras playas, sabiendo o ignorando el daño que le hacen a otros seres. Como por ejemplo, las tortugas marinas, que al ingerir las mismas, no son capaces de volver al fondo porque las bolsas llenas de aire impiden que puedan hundirse, y mueren por asfixia o por hambre. Aparte nosotros sabemos que están en peligro de extinción, pero somos incapaces de hacer la conexión entre la maldita bolsa plástica y este dócil ser viviente. Son realidades que no pensamos cuando compramos algo en la farmacia y el cajero(a) nos echa los productos que consumimos en una bolsa plástica. Sencillamente, no pensamos en las tortugas en ese momento.

Penacho visible al norte de la Isla. Foto de satélite (MODIS) via NASA

A una escala mayor, y de igual manera ocurre con nuestras emisiones de contaminantes al aire y nuestra capacidad de relacionarlo con algún tipo de impacto. Tomando el fuego en la Caribbean Petroleum Corp. como otro ejemplo inmediato, los medios de comunicación y las agencias de gobierno atendieron rápidamente el siniestro, y todo fué noticia de primera plana por tres días, mientras las llamas ardían. La mayor preocupación de todos era, obviamente, la vida de los seres humanos o ciudadanos de las comunidades cercanas al fuego, sin embargo siempre se reportó que el impacto era mínimo ya que el famoso penacho (y no plumacho como repetían los medios) se elevaba verticalemente y luego se desplazaba hacia el mar, sin afectar a nadie directamente. Esto creo que es parte de la ignorancia o enajenación social y cultural que padecemos, aunque ciertamente estabamos seguros de que ese panorama que describían no era del todo cierto. Y es que somos incapaces de entender que toda la humareda que se genera en un evento de tal magnitud, aunque termine en el mar, lejos de nosotros, va a tener un impacto monumental en nuestros arrecifes, en los peces pequeños, en los peces grandes que comen a los pequeños y eventualmente en nosotros como punta de lanza en la cadena alimenticia. Todos nos afectamos. Tres días después de la explosión, ya corrían noticias de que habían encontrado pájaros, y peces muertos a lo largo del Estuario y otros cuerpos de agua en la zona costera norte de Puerto Rico. La pregunta es: ¿y acaso esto no es noticia de primera plana?, aún cuando los peces hayan muerto por la disminución de oxígeno disuleto en el agua. Y sin embargo la explosión, las labores de rescate y las llamas, estas sí llenan la primera plana. Creo que se han subestimado, por ignorancia o por conveniencia, las consecuencias, más a largo plazo que a corto, y no se valora nuestro entorno físico y natural (agua, aire, tierra), que a fin de cuentas es lo único que nos permite existir y permanecer como sociedad en esta Isla. No se ha hablado en los medios o por parte del gobierno, de las posibles concentraciones de hidrocarburos en los acuiferos. Toda la zona norte de Puerto Rico típificada morfológicamente en los mogotes, está saturada de acuiferos. Los acuiferos no solo forman parte de las fuentes de agua que consumimos, y probablemente la cantidad de hidroicarburos en ellos no sea sufuciente como para afectarnos directamente, pero podrían eventualmente desatar trágicos escenarios en la flora, fauna y comunidades aledañas a estos. Tampoco se ha hablado de las partículas de hidrocarburos y otros compuestos que hicieron combustión parcialmente, y por ende se mantuvieron suspendidos a menor altura y en áreas pobladas sin mayor detección de aparatos sosfisticados de medición. Esto es sólo otro ejemplo de la enajenación colectiva. Y esto no es noticia de primera plana.

En el ámbito de la contaminación ambiental, tenemos que reconocer que nuestras emisiones son bien preocupantes, si tomamos en cuenta la proporción de personas por milla cuadrada y nuestra principal fuente de energía: el petróleo. Para tener una idea más clara de la escala de nuestras emisiones tomemos como ejemplo el pasado accidente en CAPECO. Las emisiones generadas y liberadas al aire en el accidente, tan sólo constituyen las emisiones que comunmente generaría la Isla en menos de un mes, probablemente en tan solo días, y esto no nos preocupa. Y es que la dependencia al petróleo es una de las cosas que no reconocemos, o que olvidamos y que sencillamente no la asociamos al impacto que imponemos en nuestro entorno natural y urbanizado.

Puerto Rico es uno de los países del mundo con los precios más bajos en la gasolina comparado a otros lugares. Y la razón principal es que se subsidia la gasolina porque Puerto Rico no cuenta con sistemas de transportación colectiva eficientes, a pesar de que nuestro territorio abarca tan sólo 3,500 millas cuadradas. Dependemos de fuentes de energía que provienen de la quema de combustibles fósiles, que son el principal contaminante, no tan solo del aire, sino también de nuestros cuerpos de agua, nuestra flora, nuestra fauna, y dentro del marco global, de la atmósfera. Un porciento absurdo de lo que se consume en Puerto Rico es importado y todo se transporta utilizando fuentes de energía provenientes de combustibles fósiles. Y el aumento en el costo de este recurso agotable aumenta el valor de los alimentos y muchas otras cosas, ya que al subir el costo de transportación, también con petróleo, aumentan los costos de todo. En otras palabras, que nuestra dependencia al petróleo no solo afecta el aire que respiramos, sino también el costo de los alimentos y su transportación a nuestras mesas. Si el 90% de las fuentes de energía en Puerto Rico dependen de los combustibles fósiles, el 90% de los contaminantes provienen del mismo, y continuamos enajenados del impacto aún reconociendo esta realidad.

Y es ante esta realidad que hay que necesariamente comenzar a crear infraestructura física y social sobre fuentes de energías limpias, renovables, e inagotables; aquellas que no contaminan nuestro entorno físico construído y natural. Y nuestra enajenación no puede ser el obstáculo para este objetivo. En una sola oración, hay que dejar de depender del petróleo como fuente principal de energía en nuestra Isla.

¡Se generoso y comparte!