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El impacto de la pesca legal de tortugas marinas en el Caribe

   

Tortuga marina muerta en Maunabo. Foto por L. Crespo vía Revista Marejada

Por Carlos E. Diez González
Revista Marejada

La pesca o caza legal de tortugas marinas, en el Caribe, ha ido mermando durante los pasados 10 años. La pesca más significativa ocurría en Cuba, donde se capturaban, aproximadamente, 5,000 careyes adultos, para exportar su concha a Japón. Esto terminó en 1994 y, actualmente, en Cuba existe una ley que prohíbe la pesca doméstica (interna) de todas las especies de tortugas marinas.

En las otras islas del Caribe, se ha ido prohibiendo paulatinamente y hoy día son muy pocos los países en la que se permite, como por ejemplo: St. Lucía, St. Kitts, Nevis, St. Vincent y las Antillas Británicas. Recientemente, Trinidad Tobago y las Bahamas prohibieron la pesca legal. En algunas de las Antillas Menores, donde todavía la pesca es permitida, está supuestamente regulada y solo se permite la venta de la carne a nivel local; es decir, no se puede exportar, ni tampoco se permite vender artesanías.

También, existen restricciones en cuanto al tamaño y a la temporada del año. Por tanto, esta pesca o caza tiene un impacto mínimo, ya que en estos lugares no se ven casi las tortugas (quizás por la misma razón). Por ejemplo, en St. Kitts solo son reportadas de 5 a 10 tortugas cazadas anualmente. A pesar de esto, cualquier pérdida, sobre todo de adultos de tortugas marinas, es un obstáculo y un daño a la recuperación de la especie, por su longevo ciclo de vida y la edad de maduración sexual.

coraza de careyes. Foto vía Revista Marejada

En la actualidad, existen muchas organizaciones que se encuentran cabildeando, en los países antes mencionados, para lograr una veda total. No obstante, esto todavía no se ha podido lograr por completo. En estas islas, se pesca por tradición, pero hoy día las generaciones están cambiando, razón por la cual la demanda ha disminuido. Tampoco es lucrativo, por lo que la comunidad internacional no está tan preocupada. Sin embargo, es una práctica que no se puede eludir. Recientemente, se inició una campaña internacional más agresiva contra las islas de las Antillas Británicas para que pongan fin a la ley que permite la caza de hasta 100 tortugas en un año. Aunque las tortugas marinas son recursos compartidos y, por ende, se debería tener algún tipo de jurisdicción en estos lugares respecto al recurso, a veces es muy difícil conseguir el apoyo local para cerrar cualquier tipo de pesca.

En Puerto Rico, la ley federal comenzó a proteger las tortugas desde 1978 y estatalmente desde 1986. Sin embargo, todavía ocurre la pesca o captura en nuestras playas y aguas. El año pasado se robaron una careya que puso sus huevos en Maunabo, mientras que este año mataron a un tinglar que salió a desovar en Yabucoa.

Desafortunadamente, y más frustrante aún, es que en nuestro territorio ocurren otros casos que desconocemos.

El mayor impacto que sufren las tortugas marinas de Puerto Rico tiene lugar en Nicaragua. Más del 50% de los peje -blancos, que habitan en las aguas de Culebra, migran hacia las costas de los indios Miskitos en Nicaragua. Este dato se obtiene mediante las marcas que se les colocan a las tortugas capturadas en Culebra y que son pescadas, posteriormente, en Nicaragua. Las marcas tienen una dirección a la que el pescador envía la información una vez encuentra las tortugas marcadas. Allí todavía es permitida la pesca de peje-blanco (tortuga verde) y se pesca, mayormente, para consumo local.

peje blanco capturado en red. Foto vía Revista Marejada

El impacto en la especie es bastante alto, ya que se consume mucho, de 6,000 a 8,000 peje-blanco por año. Esto es alarmante, cuando tenemos en cuenta que algunas de las especies que se están cazando y pescando, en esas aguas, viajan desde las aguas del Caribe, incluyendo desde Isla de Mona y Puerto Rico.

Por lo menos, la pesca de la tortuga carey (la más amenazada) está prohibida en ese lugar, pero se pesca incidentalmente. Actualmente, se están haciendo esfuerzos para evitar esta pesca incidental y controlar a cabalidad la pesca legal de peje-blanco.

El impacto mayor de la pesca legal o ilegal en otros países lo sufrió la tortuga carey de concha. Sin embargo, gracias a los esfuerzos internacionales y regionales, en la gran mayoría de los países, se prohibió su captura y actualmente se está comenzando a ver un aumento en las poblaciones del Caribe, como es el caso particular de Isla de Mona, donde de 250 nidos, en la década de los 90, hoy día hay sobre 1,200. Debemos continuar cabildeando para evitar la pesca legal e ilegal de tortugas marinas a nivel internacional y debemos continuar concienciando a nivel local para evitar este tipo de pesca.

Si logramos controlar la pesca legal e ilegal y garantizar que los hábitats de reproducción y de alimentación estén saludables, las especies de tortugas marinas se recuperarán.

El autor es Coordinador del Programa de Tortugas Marinas del DRNA. También, es miembro del Grupo de Especialistas de Tortugas Marinas de la IUCN y Coordinador Nacional de WIDECAST (Red Caribeña para la Conservación de las Tortugas Marinas). Además de coordinar los diferentes proyectos de anidación de tortugas marinas en PR, dirige los estudios en áreas de alimentación en varias áreas de PR. Lleva más de 20 años realizando trabajos de investigación y conservación de las tortugas marinas en PR, otras áreas del Caribe, Estados Unidos y Japón.

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