
En esta foto del lunes 7 de junio de 2010, el fotógrafo de APTN Rich Matthews echa una mirada de cerca al petróleo derramado por el Deepwater Horizon en el Golfo de México al sur de Venice, Luisiana. (AP Foto/Eric Gay)
Relato:
Salto del bote hacia una enorme mancha de petróleo que flota en el mar, la más espesa y roja que he visto. No veo nada y hace apenas cinco segundos que nos sumergimos.
Bajo la superficie, a unos 60 kilómetros (40 millas) de la costa estadounidense del Golfo de México, lo único que veo es petróleo. Izquierda, derecha, arriba, abajo: Flota en charcos gigantescos sobre el agua o está suspendido a cinco metros de profundidad en pequeñas pelotas. No hay nada vivo bajo la mancha, sólo veo una medusa y algunos pececillos muertos.
Estoy solo porque los otros buzos que venían conmigo no quieren sumergirse sin trajes especiales para sustancias peligrosas y con mi máscara cubierta de petróleo no me sumerjo profundamente.
Es todo muy silencioso y, la verdad, aterrador. La visibilidad es extremadamente baja. Paso 10 minutos en el agua tomando fotos y video. Quiero que la gente tenga una visión distinta del derrame, algo que no han visto hasta ahora. También estoy ansioso por salir del agua.
Vuelvo al bote sin conciencia de todo lo que me cubre. Probablemente me parezco a uno de esos pobres pelícanos que todos hemos visto durante días.
El petróleo es espeso y viscoso, como masa cruda para pastel. No se quita fácilmente. Hay que pelarlo capa por capa hasta llegar cerca de la piel.
Adicionalmente, después hay que echarse detergente lava vajilla y raspar con fuerza.
Pienso que ningún pez o ave o tortuga podría quitárselo por sus propios medios. Un animal que cayera en este charco prácticamente no tendría escapatoria.
Tardo media hora en limpiarme lo suficiente para que el capitán me permita volver a bordo. Estoy limpio, me paro.

Foto por Philippe Cousteau
Sin embargo, tengo petróleo en las plantas de los pies, así que de vuelta al agua y volver a empezar. Otros 30 minutos y por fin puedo volver al bote.
El daño afuera: Philippe Cousteau visita el Golfo
Philippe Cousteau, hijo del legendario Jacques-Yves Cousteau, se acercó este fin de semana a las costas de Louisiana para ver de cerca lo que parece ser hasta el momento, el peor desastre ambiental de este tipo en la historia.
En su recorrido desde Nueva Orleans, Philippe encuentra decenas de rótulos alusivos a BP y al impacto que ha tenido el desastre en la industria de la pesca de la zona, como también a las cientos de familias de pescadores que se han visto directamente afectadas.

Foto por Philippe Cousteau
En Barataria Bay, hogar de las más fértiles granjas de ostras y camarones, todo lo que se veía era crudo rojo y desolación.
Adentrándose por mar, detectaron decenas de aves cubiertas por “gelatina roja” sabiendo que muchas de ellas no lo lograrían.

Foto por Philippe Cousteau
Al final del día, una vez limpian la embarcación y remueven todo el crudo que se había impregnado en ella, Philippe relata como en su boca sentía todavía el sabor a petróleo.
Philippe finalmente se dirige a las costas de Florida, donde encuentra playas cubiertas de crudo, y en donde sorprendentemente no había nadie limpiando o haciendo nada por ellas. Cuenta que fueron interrogados por dos individuos en uniforme e invitados a salir de la playa por su seguridad.
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Fuente: Prensa Asociada (AP)
Relato de Philippe Cousteau via Treehugger.com













