
Instalación de composta orgánica industrial al sur de California. Foto vía rootsimple.com
Por Jose Luis Alsina Perez, Director de Conservación
Sierra Club de Puerto Rico
El reglamento que gobierna el establecimiento y operación de un centro de composta en Puerto Rico ha sido el mayor impedimento para que esta industria progrese en la Isla desde los finales del pasado siglo.
Este reglamento, que fue redactado hace varias décadas, es parte del reglamento general de “Manejo de los Desperdicios Sólidos no Peligrosos” de la Junta de Calidad Ambiental.
Este reglamento, redactado de forma ambivalente y restrictivo, tiene el efecto de encarecer cualquier proyecto propuesto para el desvío de los materiales vegetativos y orgánicos para la producción de composta.
Actualmente, un proponente que desee compostar los estiércoles animales, tendría que invertir millones de dólares para construir una estructura de cemento y acero, haciendo que el proyecto no sea económicamente viable.
Mientras enterramos 10,000 toneladas diarias de basura, el 35% de esta se podría convertir en abonos que abaratarían los costos de producción a la agricultura local y crearían cientos de empleos, incluyendo una logística de recolección, procesamiento y distribución.
Al mismo tiempo, un puertorriqueño se vio forzado a emigrar a Colombia a realizar su sueño de establecer un centro de composta, luego de 5 años de intentos frustrados en Puerto Rico, donde chocó con el mencionado reglamento. El propósito de este puertorriqueño no es competir con su isla natal, sin embargo su proyecto está haciendo que Colombia tenga una agricultura y una economía más fuerte.
No carecemos de gente emprendedora, dispuesta a ayudar con el manejo de desperdicios sólidos de forma productiva y correcta. Sólo necesitamos que se atiendan las prioridades para que los proyectos sean viables.
















